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viernes, 10 de septiembre de 2010

EL SUEÑO DE SENPTAH




Habló entonces Atum: “A los dioses los creé de mi sudor,
pero los hombres provienen de las lágrimas de mi ojo…”

Libro egipcio de los Dos Caminos al mas allá
Textos de los Sarcófagos



Uno de aquellos días sucedió que Senptah llegó a Menfis a la hora del mediodía. Estaba cansado tras haber realizado un viaje y se acostó en el jardín buscando la dulce sombra de un sicomoro.

Fue entonces, en el momento en que el sol alcanzaba su cenit, cuando su mente vagaba por el mundo de los sueños, cuando sintió que Imhotep, el gran dios, hijo de Ptah, tomaba posesión de su cuerpo. Pudo así Senptah escuchar como la Majestad de este noble dios, de mismo modo en que un padre se dirige a su hijo, le hablaba a través de su propia boca. Le dijo:

-Mírame, obsérvame, Senptah, amado por Ptah, mi padre… Quiero que me escuches, hijo mío, soy Imhotep, tu padre. Me has pedido un hijo varón y yo he accedido a concederte eso que tu corazón desea. Yo te daré un hijo varón y toda la tierra que ilumina el Ojo de Ra se sentirá feliz. Tu mandíbula reirá plena de gozo. La mandíbula de Taimhotep, tu esposa, te acompañará en la risa. Debes saber que mi rostro lleva fijándose en ti desde hace muchos años. Mi corazón te pertenece y tú me perteneces a mí.

-Antes -prosiguió el dios-, debes escucharme. Quiero pedirte algo. Es mi deseo que te ocupes de que se haga un gran trabajo de embellecimiento en mi Sala Santa de Aneck-Taui, en el lugar de Menfis en el que reposa mi cuerpo momificado de hombre. Si cumples mi deseo, yo te recompensaré con un hijo varón.

-Quiero que tú hagas todo lo que está en mi corazón, pues sé que tú eres mi hijo y mi protector. Acércate, Senptah, siento que yo estoy contigo. Yo soy tu padre. Yo soy tu guía. Te pido que hagas que mi Sala Santa retorne a su esplendor de otros tiempos pasados. Es mi deseo que sea embellecida. Ocúpate de que todo vuelva a brillar del mismo modo en que reluce en el cielo la luz de Amón-Ra.

Cuando Imhotep hubo hablado, Senptah se despertó. Abrió los ojos y se postró de rodillas para adorar a este dios venerable. Esa misma tarde informó de la visión que había tenido a los Profetas del templo de Ptah, a los Jefes de los Secretos, a los Libadores Divinos y a los artesanos de la Casa del Oro. A estos, les ordenó que hicieran un trabajo excelente en la Sala Santa. Todo lo que Senptah ordenó fue realizado. Todo se hizo del modo en que Imhotep había deseado.

Ordenó luego Senptah que se realizara una ceremonia funeraria de Apertura de la Boca para Imhotep y se ocupó de que se llevara a cabo una gran ofrenda de todas las cosas buenas para este dios venerable. Después, alegró los corazones de todos los artesanos que habían trabajado otorgándoles cosas gratas a sus necesidades y sus sentidos. Feliz por todo ello Imhotep concedió que Taimhotep quedase encinta de un hijo varón...