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viernes, 24 de septiembre de 2010

LA NOVICIA Y LOS DEMONIOS

Ensoñación fotográfica: Antiqva




En la madrugada del 5 de junio de 1809, cuando habían pasado siete meses y veinte días desde que los ejércitos napoleónicos dieran inicio al saqueo de la ciudad, nadie se extrañó de que Consolación del Santo Nombre del Espíritu Santo, novicia del convento de Santa Martina, alumbrase a un niño que pesó al nacer algo menos de dos kilos. Todos sabían que la hermana Consolación, durante los tres días que duró el saqueo de la ciudad, había sido violada una y otra vez, sin descanso, por los ciento cuarenta y tres coraceros del Escuadrón de Húsares de Montpellier que se habían acuartelado en el convento. La canalla francesa, tirada en el claustro, enfebrecida de odio y de alcohol, aguardó turno durante largas horas para cometer el crimen.

Cuando el niño tenía ocho meses, las monjas descubrieron que no tenía sombra. Algo después, entra lágrimas, repararon en que tampoco tenía alma. La Santa Inquisición, alertada, se vio obligada a intervenir. Dicen que dos Familiares del Santo Oficio, en la madrugada, se lo llevaron.

Tiempo después, cuando los vecinos del barrio iniciaron los trámites para que la monja fuera beatificada, el obispo de la ciudad habría de pontificar que ello no era posible ya que la novicia, aun a su pesar, había tenido trato carnal, sin duda, con el propio diablo. Nunca habría de saberse que el padre del niño había sido don Leopoldo de Montealto, párroco de la cercana iglesia de San Mateo, del que se rumoreaba en las tabernas que vestido con un disfraz de mameluco había sido obligado por la soldadesca, entre risotadas y amenazas de bayoneta, a unirse también a la violación. Parece que a la postre habrían luego de castrarlo. El habría sido el único de todos aquellos hombres que en el transcurso del crimen había, al menos, brindado en su mente todo su amor de hombre a aquella pobre mujer. Dicen que mientras la violaba estaba llorando.

Fue en aquellos días, cuando los inquisidores se llevaron a su niño, cuando la hermana Consolación, que hasta entonces había venido demostrando una gran entereza, enloqueció de dolor… Dicen que murió a las pocas semanas. La habían ingresado en un asilo cuyo nombre ya nadie recuerda.

Desde entonces, cada aniversario del 5 de junio, don Leopoldo de Montealto, el cura castrado, nunca dejó de llevar flores a su tumba.


ALGUNAS NOTAS


“La novicia y los demonios” es un cuento. Los nombres y los detalles son inventados. No obstante, todo pudo haber sucedido ya que a modo de ejemplo podemos decir que en aquellos tiempos, tras la batalla del puente de Alcolea, la ciudad de Córdoba fue objeto de un saqueo por parte de las tropas napoleónicas que duró tres días y sembró el pánico en la población. La excusa para tal acción, fue un disparo fallido que un tal Pedro Moreno realizó contra la comitiva invasora. Corría el día 13 de junio de 1808. Con ese pretexto, los franceses iniciaron el asalto de iglesias, conventos y casas, robando todo tipo de bienes.

El ejército francés se ensañó especialmente con los conventos femeninos, como los del Carmen o San Juan de Dios, donde se produjeron numerosas violaciones de monjas y robo de imágenes.

Presionados por la formación del ejército de Andalucía, al mando del general Castaños, los franceses abandonaron la ciudad el día 16 de junio. Siete días después las tropas españolas recuperaron el control de Córdoba. Al poco, los franceses habrían de ser derrotados, cuando intentaban atravesar Sierra Morena, en la famosa batalla de Bailén.