Imagen: AntiqvaLeyendo coplas antiguas uno, a veces, encuentra textos que son una pura delicia.
Veamos un ejemplo:
“Tiene mi prima un gallo
muy delicado
que sólo come trigo,
si está tostado,
y sentao en la silla
sólo se bebe el vino,
si es de Montilla.”
La lectura de otra copla, dedicada también a una prima, hizo que se nos escapara una sonrisa. Dice el texto, un tanto pícaro:
“Esta era mi primita,
la que lavaba,
bebía vino
y se emborrachaba.
Como era tuerta,
con el culo empujaba la puerta.
Dejando a un lado el aspecto jocoso de la letra, lo cierto es que no llego a captar los motivos por los que una mujer a la que le falte un ojo tenga que verse obligada a cerrar las puertas empujando con sus “cuartos traseros”…
Otras coplillas, finalmente, resultan tan bellas como ingenuas:
“Fui al campo a preguntarle
a la violeta
si para el mal de amores
había receta;
me ha respondido
que para el mal de amores
nunca la ha habido.”