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jueves, 11 de noviembre de 2010

LA MALMONJADA

Imagen: Antiqva



Leía un libro de poesía lírica medieval cuando me topé con un poema que me llamó la atención:

“No me las enseñes más,
que me matarás.

Estávase la monja
en el monesterio,
sus teticas blancas
de so el velo negro.

Más,
que me matarás.”

El poema es una composición anónima que pertenece a lo que se ha dado en llamar “ciclo de la malmonjada”, que nos hablaría de los devaneos amorosos de ciertas muchachas que en los tiempos del Medievo, presionadas por sus familias, habrían tomado los hábitos religiosos sin demasiado convencimiento.

En esos amores “ilegítimos” de las siervas del Altísimo encontraría su justificación un “dicho” de la Vieja Castilla que uno, cuando era niño, escuchó decir alguna vez a un invitado que estaba comiendo un plato de cocido que mi madre había cocinado. El hombre, feliz mientras saboreaba los garbanzos, ante la sorpresa de todos, habría de decir: “Uhm…, esto está riquísimo, es teta de novicia…”

Estas reflexiones me hicieron recordar "Libros de amor", poemario de Juan Ramón Jiménez que se publicó hace unos años y en el que llama la atención la sexualidad explícita del poeta. Parte de los poemas nos remiten al periodo comprendido entre 1901 y 1903, cuando Juan Ramón, enfermo, estuvo ingresado en el sanatorio madrileño del Rosario. En esos años, de los más felices de su vida, habría de decir el poeta, tuvo relaciones sentimentales con tres jóvenes religiosas: con la hermana Amalia Murillo, que fue trasladada de inmediato a Barcelona; con la hermana Filomena, y, sobre todo, con Pilar Ruberte.

Veamos algunos de los poemas que consagró a esta última novicia:

“¡Hermana!
Deshojábamos nuestros cuerpos ardientes
en una profusión sin fin y sin sentido...
era otoño y el sol -¿te acuerdas?-
endulzaba tristemente la estancia
de un fulgor blanquecino...”

...

“Cuando huía, en un vuelo de tocas trastornadas
de la impetuosa voluntad de mi deseo
se refugiaba en un rincón, como una gata...
Pero sus uñas eran más dulces que mis besos...
y en la proximidad ardiente del placer de su carne
me incendiaba el olor de todos sus secretos...”

Todo parece sugerir que los modos de ser de los hombres y las mujeres no han cambiado mucho desde los tiempos medievales…