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sábado, 11 de diciembre de 2010

TORRENTE DE PASIÓN

Imagen: Antiqva



Era consciente de que Lucia le engañaba. La delataban las frecuentes reuniones de trabajo, que duraban hasta avanzada la noche, y el olor persistente a Aqva Forte que inundaba todo cuando llegaba. El hombre, de algún modo, había asumido que el cuerpo de Lucia albergada un torrente de deseo que a él ya no le era posible saciar.

Aquella noche, cuando el reloj marcaba las 5:10 horas, Carlos se giró en la cama y comprobó que todavía no había llegado. Pensó, entristecido, que nunca se había retrasado tanto. Fue a los pocos minutos cuando escuchó el estrépito del timbre del teléfono.

-Carlos, Carlos –gritó ella- ¿has pagado el rescate…?

-¿Qué…? –balbuceó él perplejo-

-No lo pagues Carlos, no pagues el rescate… He podido escaparme…

El hombre colgó el teléfono sin decir nada… No pudo evitar que una mueca de sonrisa, enmarcada de tristeza, emergiera de lo más profundo de su alma…