Imagen: AntiqvaSiempre que evocaba el primer y único amor de su vida la señorita C., entre lágrimas, recordaba que nunca habían llegado a besarse.
Desde entonces, todos y cada uno de los días, la señorita C. siempre se había lamentado de esa ausencia de besos primerizos y de que los bombones de chocolate negro engordaran tanto.