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jueves, 26 de mayo de 2011

EL ORÁCULO DE HATHOR



Set-Net-Inheret, Único Ornato Real, reverenciada Profetisa de Hathor, había dejado escrita en una tablilla de arcilla su honda preocupación:

-En el sexto día de la luna nueva del mes de la Inundación, el Sol se ocultó. Su portero es Anubis. Se examinaron dos hígados. ¡Peligro!

Los hombres del valle del Nilo estaban poseídos por el miedo. En la Tierra de los Dioses se había producido un eclipse total de Sol. Parecía que había llegado el fin de todas las cosas. El Sumo Sacerdote de Amón había hablado:

-Anubis, el díos que cada anochecer abre al Sol el acceso al inframundo ha decidido que esta mañana el astro dios quede oculto a los ojos de los hombres. Nuestro rey ha ordenado que se sacrifiquen dos ovejas y que sus hígados sean estudiados por los augures. Estos, temblorosos, me han hecho saber que un inmenso peligro amenaza a nuestro país.

-Han afirmado –prosiguió el Sumo Sacerdote- que Amón, el gran dios, está ahora preso en el inframundo. Desprovistos de su luz, los hombres veremos como las plantas pierden el aliento de la vida. La Tierra Negra debe saber que está amenazada por el infortunio. Momentos de escasez y de hambre nos acechan.

-He podido contemplar –dijo la Profetisa Inheret, arrodillada ante su rey- que han de venir tiempos en que en los ríos correrá la sangre en lugar del agua. La langosta aniquilará las cosechas de los campos. Nuestros hijos morirán. Antes habremos de ver como la oscuridad lo ensombrece todo. Los días pasarán a ser noches. Apresado el Sol en el infierno, las tinieblas cubrirán la tierra.

Habrían de saber pronto los hombres que el peligro que el oráculo de Hathor había vaticinado habría de materializarse en las cercanas aguas del Egeo cuando entró en erupción el volcán Thera, que causó la inmediata destrucción de la cultura cretense…


(Continuará en una segunda parte…)


Imagen: Frente a la caldera del volcán Thera, en la isla de Santorini – Antiqva Photo