Apertura f/8
Tiempo de exposición 1/60 s
Velocidad ISO - 800
Distancia focal 28 mm
Medición - Diseño
Tiempo de exposición 1/60 s
Velocidad ISO - 800
Distancia focal 28 mm
Medición - Diseño
Dos meses después, una inscripción mandada erigir por Lucio Junio hacía saber a los cordobeses las singularidades de los próximos espectáculos que habrían de celebrarse en la ciudad:
"En la Colonia Patricia. Lucio Junio Paulino, hijo de Publio, de la tribu Sergia, que ostenta los cargos de pontífice, flamen perpetuo y duumvir de los colonos de la Colonia Patricia, habiendo sido elegido ahora flamen de la provincia Bética, desea ofrecer por ese honor del flaminado unos juegos de gladiadores y dos representaciones teatrales. También hará erigir estatuas conmemorativas por un valor de 400.000 sestercios, lo que había prometido si alcanzaba ese honor, y cuando llegue el momento de dedicarlas lo hará patrocinando unas carreras de carros en el circo".
Los juegos gladiatorios que Lucio Junio Paulino iba a costear de sus propios recursos como agradecimiento a los dioses por su nombramiento de flamen provincial se habían fijado para el día siguiente a los idus de octubre. Tres noches antes su hijo Publio, que había contratado los servicios del profeta Amonio, asistió a los rituales que el mago iba a desarrollar tendentes a lograr la muerte, gracias al auxilio de los espíritus del mal, de Actius, el hombre que les había arrebatado el corazón de su hermana Junia.
Para conseguir ese fin, el mago había esculpido en una tablilla de plomo el texto de una maldición cuya eficacia había sido probada en multitud de ocasiones desde tiempos antiguos:
“Yo, Amonio, usando el poder que me tiene concedido la corporación de los dioses, te conjuro, demon, quienquiera que seas, para que tortures y mates, desde esta hora, este día y este momento, a Actius, el gladiador; mátalo y destrózalo. No dejes aliento en su cuerpo. Te conjuro por el poder que me ha entregado, en cierto momento, el Dios del aire y del mar.”
Amonio y Publio, esa noche, llegaron a la tumba de un niño que había muerto unos días antes acosado por la fiebre. Amonio, con una azada, hizo un agujero en la tierra e introdujo en la tumba la tablilla de la maldición. Sabía que los espíritus de quienes han muerto de forma prematura quedan desorientados en la noche y suelen vagar cerca de sus tumbas, propicios a adoptar una actitud maligna hacia los vivos. Convenientemente utilizado, el demon de un niño muerto era susceptible de ser utilizado para los más reprobables actos. En este caso, conseguir la muerte del gladiador.
NOTAS
-La inscripción de Lucio Junio Paulino, en la que hemos hecho algunas modificaciones en su texto para adaptarlo al relato, se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba. Está catalogada en CIL II2/7,221.
-El día siguiente a los idus de octubre se corresponde con nuestro 16 de octubre.
