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martes, 5 de junio de 2012

El clan de los calabreses

Apertura f/5,6
Tiempo de exposición 1/800 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 105 mm
Compensación de la exposición  -1,00
 

Pronto, sin embargo, Dani supo que algo estaba saliendo mal. Cuando habían transcurrido siete minutos fue cuando se escuchó el disparo. Dani, sintiendo la presión de la sangre en las venas de su frente, decidió que debía largarse, pero justo en ese momento “el Legal” y Blanca atravesaron la puerta de la oficina y se dirigieron corriendo al coche. En circunstancias normales deberían haber salido caminando, para no llamar la atención, pero el trueno del disparo era la señal de que, sin duda, los acontecimientos se habían precipitado. Cuando los dos subieron, Dani, con la misma precisión matemática con que en otro tiempo había estudiado los logaritmos neperianos, fue soltando el embrague y pisando simultáneamente el acelerador. El vehículo salió disparado.

-Maldita sea –chilló “el Legal”- pero de donde ha salido ese tipo con la pistola… Por qué demonios se le ha ocurrido meterse donde nadie lo había llamado…

En ese momento, mientras Dani conducía, ninguno de los tres podía sospechar que el tipo que había sacado el arma y al que Blanca había descerrajado un tiro en la cabeza, no estaba en la oficina postal por casualidad. Era un sicario contratado por los mafiosos, otra vez los calabreses, para vigilar que la recogida del dinero por los vendedores de la droga se desarrollara sin incidentes.

-Habéis cogido el sobre con la pasta –preguntó Dani.

-Claro –respondió Blanca-. Aquí deben estar los 500.000 euros. Ya sabes, una cuarta parte para cada uno y la otra para quién nos dio el soplo. Tenemos para vivir tranquilamente unos cuantos años, sin ostentaciones, sin sobresaltos, sin levantar sospechas.

Fue entonces cuando Dani, por el retrovisor,  se dio cuenta de que otro coche se esforzaba por alcanzarlos: “Creo que ese BMW –dijo- nos está siguiendo".

-Hijos de puta – gritó “el Legal”, tienen que ser los malditos calabreses…

-Cómo que los calabreses –el rostro de Dani había cambiado de color-, pero es que se os ha ocurrido robar a los calabreses… Estáis locos… Los hijos de puta sois vosotros… Estamos perdidos…

Habían atravesado la avenida de las Platerías y al llegar al cruce de la avenida del Perú con el Gran Vial fue cuando todo reventó. Un semáforo cerrado y un tropel de coches parados…