Apertura f/22
Tiempo de exposición 1/6 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 40 mm
Compensación de la exposición -1,70
No usé trípode
Habían atravesado la avenida de las Platerías y al llegar al cruce de la avenida del Perú con el Gran Vial fue cuando todo reventó. Un semáforo cerrado y un tropel de coches parados obligaron a Dani a pisar el freno. Los calabreses, detrás de ellos, se bajaron del coche y comenzaron a disparar. Ellos, desde sus asientos, respondieron al ataque. Blanca, con su proverbial puntería, reventó los dos neumáticos delanteros del otro coche. “El Legal”, mientras tanto, apenas fue capaz de disparar un par de veces. Al momento, con el trajín de los balazos, los coches que les precedían empezaron a moverse, todos querían alejarse de aquel infierno. Dani, aprovechó el momento, dejó de disparar y aceleró a fondo. Mientras los traficantes, con las ruedas de su coche reventadas se hacían con otro vehículo a punta de pistola, ellos lograron huir encaminándose por la avenida del Mediterráneo a la sierra cercana. Los calabreses no tuvieron tiempo de ver como se desviaban por uno de los carriles de tierra que la circundan, por el que pronto se perdieron. Fue entonces cuando Dani, su ánimo más sosegado, pudo contemplar que Blanca, enloquecida, chillaba y lloraba. “El Legal”, mientras tanto, no decía nada, sencillamente porque estaba muerto. Una bala certera había atravesado su pecho. Dani siguió conduciendo durante horas por aquellos recónditos senderos de tierra. Cuando llegaron al embalse del Río Cortado ya tenían decidido que sus aguas servirían de lecho funerario para “el Legal”. Lo arrojaron aquella misma noche, con una piedra inmensa atada a sus pies.
Desde entonces han pasado dos años y el dolor de Blanca por
la muerte de “el Legal” se ha ido difuminando. Sin duda lo había amado, pero el
tiempo hace que el amor se olvide. De hecho, tras el atraco, ella y Dani ya
nunca se separaron. Ella habría de reconocerle que no hubiera sabido a donde ir
y que tenía miedo de los mafiosos. Ahora, incluso, pasado el tiempo, uno diría
que Dani siente que el cariño de Blanca lo va envolviendo y es que, ya se sabe,
hay una ley que proclama que con el roce termina surgiendo el cariño, y con el
tiempo quizás hasta el amor. Lo cierto es que para Dani había sido una
bendición que “el Legal” muriera en el tiroteo. Las matemáticas del padre
Bonilla indicaban que el reparto del botín, con uno menos a contar, se iba a
incrementar más que proporcionalmente ya que ellos ni siquiera sabían quien era
el soplón que había informado del posible golpe. Era algo que “el Legal” se
había tenido bien reservado. En lugar de repartir las ganancias entre cuatro lo
iban a hacer entre dos, Blanca y él.
Del mismo modo, sin el estorbo de “el Legal”, la posibilidad
de que Blanca terminara cayendo en sus brazos iba a mejorar de modo más que
proporcional. Antes, esa relación con la mujer y “el Legal” era triangular,
causando hondo dolor en Dani, atrapado desde su juventud por Blanca; ahora, el
triángulo había desaparecido y se había transformado en dos vidas que si bien
hasta entonces habían evolucionado en paralelo, era posible que al fin las
matemáticas fallaran y esas líneas paralelas lograran juntarse. De momento,
Dani cada día está más esperanzado en ese amor.
Lo que Blanca nunca llegará a saber es que la bala que
atravesó el corazón de “el Legal” no había salido del revolver de ningún
calabrés. Había sido Dani quien a sangre fría lo había ejecutado. Parece que el
tipo lo tenía todo matemáticamente calculado.
