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martes, 3 de diciembre de 2013

Dorada y adorada Salamanca




Salamanca se manifiesta especialmente bella en los atardeceres. Es entonces cuando los rayos de sol empapan la piedra arenisca con que están construidos sus edificios, que adquieren una singular tonalidad dorada. Su Plaza Mayor, bellísima, sigue siendo el punto de encuentro de las gentes.

Salamanca, la ciudad a la que “dora” el sol, la dorada y adorada Salamanca, es esa “jaula dorada y hermosa” que cantó Miguel de Unamuno, que vivió en la ciudad castellana y que tanto la amó.

“¡Oh Salamanca!, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes,
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta, cuando yo me muera,
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo
di tú que he sido.”

Miguel de Unamuno