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miércoles, 12 de febrero de 2014

Libros del misterio







Llegamos a Atocha, procedentes de Andalucía, a las 10.50. Habíamos reservado un par de noches en un hotel del Paseo de las Delicias y teníamos intención de disfrutar de unos días en Madrid. Tras presentarnos y dejar los trastos en la habitación salimos a dar un paseo por la Gran Vía y almorzamos gambas a la plancha y calamares fritos. Luego, con una copa de helado en “La Veneciana”, seguimos contentando nuestros cuerpos y finalmente unos cortados que nos tomamos en el café “Las Tres Ninfas” nos animaron el espíritu.


Fue después, cuando íbamos paseando por el Madrid de los Austrias, cuando nos topamos con “La Fontana de Quevedo”, una librería de viejo. Entramos en el local dispuestos a fisgar un poco y cuando estábamos curioseando en sus anaqueles un montón desordenado de libros llamó la atención de Roberto:

-Oye, ¿has visto esos libros apiñados y ese cartel que han colocado encima?

Me giré hacía el lugar que me señalaba. Pude leer lo que estaba escrito en el cartel:



LIBROS DEL MISTERIO

Estos ejemplares están incompletos. En todos los casos, las últimas hojas han sido arrancadas. Compra un libro por cinco euros e inventa tú el final. Si lo haces, te regalaremos un libro de poemas de Luis Cernuda.



-Pero, ¿qué es eso, por qué les han arrancado las páginas?

-Verá, joven –me dijo una mujer que atendía la tienda-, pensamos que el motivo puede ser variopinto. Posiblemente se trata simplemente de la acción de un loco, pero quien sabe. Hace unos días uno de nuestros clientes nos sugirió que quizás se tratase de un acto de espiritismo. Es posible que alguien quiera evitar que los espíritus que se manifiestan cuando se lee un libro queden liberados una vez que el lector lo termina. Quizás arrancando el final de cada libro se consigue que esos espíritus sigan atrapados en su interior, presos para siempre, aunque sinceramente creo que nunca llegaremos a saber la causa.

Al escuchar las explicaciones de la librera no supe que decir. Estaba sorprendida. Ni siquiera se me ocurrió preguntar como aquellos libros mutilados habían llegado a los estantes de “La Fontana de Quevedo”. Unos instantes después, reaccioné:

-Ricardo, ahora mismo compro uno de los libros por cinco euros, y me invento el final. Y me llevo los poemas de Luis Cernuda. Claro que sí. ¿Y tú? ¿Qué piensas? ¿Te animas?






- Continuará en una segunda parte...