El tiempo presente es efímero y las realidades, al momento, desaparecen en un soplo y se convierten en pasado. De algún modo, todo sería una pura añoranza. Algunos espacios de Córdoba, sin embargo, han conseguido evitar esa fugacidad temporal. Así sucede con los patios, un vestigio de otros tiempos y de otros modos de vida que han podido escapar, al menos algunos de ellos, a lo efímero del tiempo y se muestran hoy, gracias a la ilusión de sus cuidadores, en toda su recoleta belleza, en todo su sencillo esplendor.