Al aproximarse la vejez, mi espíritu goza volando como un pájaro hacia los días de mi infancia. En mi memoria mi infancia brilla con un resplandor maravilloso, como si entonces todo hubiese sido mejor y más bello que ahora. Sobre este punto no hay diferencia entre ricos y pobres porque no hay ciertamente nadie, por pobre que sea, cuya infancia no encierre algún destello de júbilo y de luz al evocarla en sus viejos días.
Mi padre Senmut vivía cerca de los muros del templo, en el barrio bullicioso y pobre de la villa. No lejos de su casa se extendían los muelles de río arriba donde los barcos del Nilo descargaban sus mercancías. En los callejones estrechos los tugurios de vino y de cerveza acogían a los marineros, y había también…
Mika Waltari – Sinuhé el Egipcio