Para entender la concepción que los egipcios tenían del mundo es preciso remitirnos a lo que ellos llamaban el Tiempo Primero, que vendría a ser un tiempo sagrado, intemporal, que habría existido antes del tiempo tal y como nosotros lo conocemos. En ese tiempo primigenio es cuando se habría producido el paso de la no existencia, simbolizada por Num, el abismo de aguas insondables, a la existencia. Fue entonces cuando Atum-Ra, el gran dios, tomó conciencia de si mismo y dio comienzo a la creación de los dioses y de todo lo que existe. Para los egipcios, ese Tiempo Primero sería el tiempo de Dios, de los dioses y de las relaciones arquetípicas que existen entre ellos. Sería el reino de los mitos y de las imágenes simbólicas. De algún modo, toda la mitología egipcia, desde el despertar de Atum a la vindicación de Horus y la redención de Osiris, se habría desarrollado en el Tiempo Primero.
Ese momento vendría a ser la Edad de Oro que precedió a la existencia de los hombres, que con ellos habrían de traer la rabia, el clamor y la disensión…