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jueves, 19 de marzo de 2015

Anticipo de la primavera





Como ya las visitas a sus hermanas en el convento le aburrían, otro día, por distraerse, Jonás le pasó a la hermana tornera la Segunda Antolojía de Juan Ramón, libro que tanto leía por entonces, como ya se ha dicho, a modo de obsequio para su hermana Paquita. Y la tornera, hojeando el tomo, dio con aquello de:

“La primavera, niña errática y desnuda…”

Arrojó el libro como alacrán malva, la hermana tornera, y Jonás se lo metió en el bolso, sonriendo, y ya ni siquiera pasó al letárgico refectorio. Volvía por el largo paseo con sol tibio, leyendo al poeta:

“De un incoloro casi verde,
vehemente e inmenso cual mi alma…"


Francisco Umbral – El fulgor de África