“La primavera, niña errática y desnuda…”
Arrojó el libro como alacrán malva, la hermana tornera, y Jonás se lo metió en el bolso, sonriendo, y ya ni siquiera pasó al letárgico refectorio. Volvía por el largo paseo con sol tibio, leyendo al poeta:
“De un incoloro casi verde,
vehemente e inmenso cual mi alma…"
Francisco Umbral – El fulgor de África
