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miércoles, 8 de abril de 2015

Un gato sin nombre





Al igual que en la parte delantera, unos escalones de madera conducían al porche. Las ventanas estaban polvorientas. Delante de la puerta dormía un gato atigrado que abrió un ojo, me miró y a continuación se levantó despacio y se marchó sin ruido, moviendo el rabo perezosamente. ¿Qué saben los gatos de nosotros para que nos desdeñen de semejante manera?

Benjamín Black – La rubia de ojos negros