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martes, 14 de abril de 2015

Cuando el mundo renace





Por muy feliz que fuese el verano de Tirnanoge, el verano perpetuo, yo no lo cambiaría por la rueda de las cuatro estaciones del país en que vivimos. Si no hubiese oído el viento del otoño, y visto las hojas secas arremolinarse en los caminos del bosque, y si no hubiese conocido mi país bajo la nieve y amado el fuego paterno en el hogar, y recibido en el rostro el primer aire de abril, cuando el mundo renace y se viste… Latir debe el hombre con el corazón del mundo, acompasarse a él. Y asombrarse de los días. Realmente en Tirnanoge no había nada de que sorprenderse. Tengo para mí que allá no cantan los pájaros, porque es sabido que los pájaros cantan porque se asombran. La filosofía, dijo el griego, nació del asombro. La verdad es que nació del asombro y de la melancolía.

Alvaro Cunqueiro – Viajes imaginarios y reales