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lunes, 27 de abril de 2015

Triana desde Sevilla





Carmen se mudó a su nueva residencia la mañana siguiente. Al pasar por el puerto fluvial contempló Triana, al otro lado del río, a través de la cortinilla del automóvil. Estaba a sólo un paseo del Corral de la Higuera, de su hogar clausurado y de sus geranios marchitos y, sin embargo, le parecía que sus recuerdos correspondían a la vida remota de una persona distinta. Sólo las más lacerantes evocaciones eran suyas, las que le habían envenenado el alma y habían sembrado de sal el campo de sus sentimientos hasta convertirlo en un erial donde sólo podían crecer los yerbajos del odio. Cerró los ojos y reprimió las lágrimas. Hacía más de un mes que no lloraba y no quería empezar de nuevo. Ahora era otra. Tenía que ser otra.

Juan Eslava Galán – Señorita