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lunes, 21 de diciembre de 2015

El corazón del otoño





Me detuve justo en la linde del bosque. Inesperadamente, pareció hacerse transparente. Algunos pájaros grandes y sombríos batían las alas entre la enramada. Ya había desaparecido, o casi, el último verdor que protegía el corazón del otoño. Y entre las hojas doradas y brillantes resaltaban los troncos negros de los árboles. El bosque parecía desamparado, porque el invierno no había entrado en él todavía. Y temblaba entre la duda, el temor y la soledad. Entré como un ladrón, despacio…

Ana María Matute – Demonios familiares