Apertura f/14
Tiempo de exposición 1/400 s
Velocidad ISO – 200
Distancia focal 98 mm
Compensación de la exposición -0,70
HDR
Cuando
vive la realidad, la señorita C. mantiene una relación que se llama vida. Ante
los ensueños, la relación es de ilusión.
…/…
La señorita C., desde
que era adolescente, lleva un falso diario en el que registra las cosas no como
han sido sino como ella las ha soñado. Cuando el negro Raulito lo supo, ella le
dijo que así ha creado un mundo de fantasía en el que puede volver a vivir sus
propios ensueños. Él nunca ha sido capaz de entenderla.
…/…
He venido a la ciudad para escribir un poema. Anoche supe
que Raulito, ¡quien sabe desde cuando!, ha estado leyendo mi diario. Me dijo que
ha sentido que ya no le amo. No entiende que yo no anoto las cosas como me
suceden sino como las sueño. Cree que los sueños son realidades y que le engaño
con otros hombres. Anoche, cuando me lo dijo, me hizo un número. No me ha
gustado que lea mis sueños y he decidido alejarme de él, venir a la ciudad y
volcarme en escribir algún poema. Y aquí estoy, sentada en la terraza del café
Varadero, frente al puerto y el mar, escuchando como una chica polaca interpreta
“El otoño” de Vivaldi. Tengo ante mi una hoja de papel en blanco, pero siento
que van pasando los minutos y no consigo que el poema acuda a mi mente. Todavía
no he escrito ni una sola estrofa. Maldita sea. En su lugar, de continuo viene a
mi mente la visión de un trapecista que hace su número en el Circo Ruso.
Creía que alejándome de Raulito todo podría volver a ser
como antes. Que podría escribir de nuevo algún poema. Pero algo está pasando que
me lo impide. Percibo con obstinación la imagen de ese vigoroso y desconocido trapecista,
a pesar de que yo lo que quiero es escribir unos versos. Un poema de amor y de esperanza.
Un poema de emociones que hable de mares y de sentimientos. Un poema como aquel
que ahora estoy recordando:
“Érase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fue
por esos mares de Dios.”
Pero no consigo escribir nada.
Siento que la hoja de papel que tengo en mis manos está actuando como un espejo
en el que solo se reflejan mis propios temores. Y aquí sigo. Llena de desesperanza.
Han pasado varias horas. He escrito estas palabras pero siento que el poema no viene.
Además, mientras tanto, mi teléfono móvil está sonando de continuo. Supongo que
Raulito, que no sabe de mi huida, está buscándome enloquecido. Alzo mis ojos.
He sentido que la música ya no suena. Miro y veo que la chica polaca ha
guardado su violín y está recogiendo los trastos. Termina de hacerlo y se
aleja.
Ya llevo tres horas en el
Varadero. Creo que esto no tiene ningún sentido. No consigo escribir el poema. Voy
a dejarme de historias. Me olvidaré de él, de los mares y de los amores. En su
lugar volveré a casa, me maquillaré, me vestiré de rojo, me pondré tacones y me
iré al Circo Ruso. Estoy segura de que el trapecista no se me podrá resistir.
Bueno, salvo que Raulito me lo
impida.
NOTAS
El poema del marinero, que cita
la señorita C., es de Antonio Machado.
La imagen de la supuesta “chica
polaca” que interpreta “El otoño” de Vivaldi está tomada en la Puerta del
Puente de la Judería cordobesa. No estoy muy seguro de que la otra chica, la
que está de espaldas, sea la señorita C.
Estrella Altair, una amiga
entrañable, va a publicar este “cuento de la señorita C.” en su blog “La mirada sencilla”. Su intención es ilustrar el texto con alguna imagen que ella estime
adecuada a la idea que tiene acerca de este personaje. Agradezco a Estrella
esta muestra de afecto y os invito a visitar su blog, que tanto en su estética
como en sus contenidos es una verdadera maravilla.
Querido amigo, me encanta como te ha quedado, de verdad, pero no sé... creo que mi señorita.. C..
ResponderEliminaral menos a tu pirata le va a gustar.
¿cuanto te juegas....?
apostamos
ya está en mi Mirada..
te agradezco tu delicadeza y tu amabilidad conmigo y el haberme dejado, hacer en cierto sentido mia a "tu" Señorita C.
gracias de corazon
Me gusta.
ResponderEliminarEs buenísimo, según lo iba leyendo me decía me lo llevo a la ciudad, pero ahora no sé si a tu amiga Estrella pueda importarle, quizá más adelante te lo pida, y si no hay inconveniente lo edite allí.
ResponderEliminarGracias, porque es precioso.
Un abrazo.
Mi querido amigo ANTIQVA.
ResponderEliminarNo creo que la señorita C.., sea la que esta de espaldas, ella siempre está de frente y registra todos sus sueños maravillosamente, a la vez que te ayuda a regalarnos los tuyos propios que son preciosos.
Dale las Gracias a la señorita C.. de mi parte, por trabajar contigo, que pareja más maravillosa, no os separéis nunca.
Un abrazo y me voy a saludar a nuestra amiga Estrella.
Amabar
¿Puede ser un deja vu? la foto me suena mucho. De todas maneras, perfecto maridaje con el texto. Saludos
ResponderEliminarSi, la señorita C es tal como me la imagine, escribe sus sueños en su cuaderno y no le gusta que nadie los lea ni siquiera Raulito, y es que los sueños son tan personales, tan intimos Antiqva, mas lo raro es que ella es tan dispuesta a escribirlos, que cuando quiere escribir un poema no se le viene nada a la cabeza, extraño en verdad,.. la señorita C tan soñadora y llena de sueños,..pero de poemas nada,...
ResponderEliminarAfortunada la señorita C, que puede mantener una relación con la vida y vivir sus ensueños.
ResponderEliminarLa señorita rubia de la foto observa la generosidad del niño y -mientras anda hacia la violinista- piensa en la moneda que debería regalarle para quedar a la altura del gesto contemplado.
Siempre me ha gustado esta foto, con o sin señorita rubia ;)
Un abrazo dulce, amic.
Hasta la soñadora señorita C puede tener un mal día con la inspiración poética, quedarse como sirena varada. Raulito es algo bruto, no debe entrarse a saco en las intimidades y tomar sueños por verdades, sin embargo me parece que ama a la señorita C a su manera.
ResponderEliminarEn el circo Ruso el trapecista hermoso incitará un poema a la señorita C, piruetas en el aire, navegando el espacio como el marinero navega horizontes.
También la violinista polaca tendrá sus sueños, me encanta esa foto, me enamora la señorita C y su manera de ser, siempre a la búsqueda, aunque desfallezca, no claudica.
Voy a visitar a Estrella Altair, bonito nombre.
Besitos contentos, amigo mío.
Que harta estoy de los Raulitos, por Dios...están por todas partes. En cuánto te descuidas hay uno por encima de tu hombro con cara de eso no se hace.
ResponderEliminarMe gusta mucho la foto. Se oye la música.
Un beso
Una gran elección, y ciertamente difícil, hay tantos y tan bellos trabajos en este blog, Querido Antiqva! Este “cuento de la Señorita C.” (sí, definitivamente es la chica que está de espaldas…) me encanta! La foto ¡ah! Es una de mis preferidas!
ResponderEliminarCariños para Estrella, pasaremos a conocerla, para la Señorita C. y para Vos Amigo!
Vengo de casa de Estrella .. y me gusta lo que veo .. con tu permiso .. me quedo por aqui
ResponderEliminarUn sonoro beso
Esta maravillosa foto ya la tuviste como cabecera y siempre que la veo estoy un buen rato contemplándola, me encanta su sencillez y todo lo que transmite. Abrazos desde Sevilla.
ResponderEliminarAPLAUSOS
ResponderEliminarMi querido amigo:
ResponderEliminarEs una enigmática fotografía,pero los acordes del violín se pueden sentir,en cuanto a la la señorita C....Sus pensamientos y sentimientos parecen estar sometidos a una atracción llena de química, tendrá que descubrir y aplacar ese ímpetu, quizá Raulito deberá prestar más atención a la realidad hay lugares del alma donde nadie tiene acceso.
Besos.
La otra muchacha de la imagen no puede ser la señorita C… definitivamente no…a la señorita C la conozco bien, muy bien, tan solo tengo que cerrar los ojos y al momento se presenta ante mí. La señorita C, es menuda, con andares que recuerdan a un gato, su cabello es negro, igual que sus ojos y en muchas ocasiones lo lleva enredado de mariposas y flores, (El cabello, no los ojos) formando una especie de corona alrededor de su cabeza; y sus ojos, que son negros, tienen la capacidad de reflejar la luz de las estrellas.
ResponderEliminarY definitivamente, la otra chica no puede ser la señorita C, porque ella, la de verdad, lleva siempre alrededor del cuello, un collar de cuentas hechas de sueños….y lo sé bien, porque solo tengo que cerrar un momento los ojos y la señorita C, al momento se presenta ante mi….
Me has trasportado con esta ensoñación de la Señorita C. y los Violines, mejor dicho, en violín interpretando a Vivaldi en la puerta d ela judería.
ResponderEliminarConozco a estrella y su blog desde tiempos inmemoriales, le dejaré un comentario en esta entrada.
Besos, desde Buenos Aires, que ya sabes como la estoy pasando. Te escribo un correo hoy o mañana.
Esta no es la Senorita C. la Senorita C esta fuera de imagen, pienso yo.
ResponderEliminarUn post genial.
Saludos!
Me ha gustado mucho y me ha llenado de ternura tu señorita C. Eso sí, que no se líe la cabeza con ese Raulito, aunque... El amor es hermoso siempre, aunque sea imposible a simple vista.
ResponderEliminarLa foto es bien bonita.
Un abrazo.
Ya vengo, despacito y con buena letra, hasta las tuyas y tus fotografías, y es todo así como rebonito¡
ResponderEliminarCuanto tiempo hace que no sabíamos de Raulito, me gusta me gusta :), y mucho la foto de la cabecera, casi se escucha el mar, casi moja¡¡¡
Abrazos, Antiqva
Ío
Esto..... ¿qué hace ahí la muchacha con su carrito de la compra????, ¿se venden olas o piedras, o sal, o arena???, si son olas yo quiero, ummmm....257, piedras y sal y arena de momento no, gracias¡
ResponderEliminarOtros abrazos
La señorita C. es una gran escritora y como tal, una gran soñadora... nunca será entendida por Raulito... :(
ResponderEliminarHe llegado a su blog por pura casualidad, pero, con su permiso, me quedaré por aquí.
ResponderEliminarLa conjunción de imagen a través de sus fotos y textos es muy armónica e interesante. Esta señorita C y otras pestañas me han encantado.
Felices fiestas. Un saludo.